A veces las personas cambian, crecen y luchan silenciosamente… esperando escuchar algo sencillo pero profundamente importante: “Estoy orgulloso de ti”.
Como psiquiatra y como padre, he aprendido que validar el esfuerzo y reconocer los avances tiene un impacto real en el desarrollo emocional y en la salud mental. No se trata solo de celebrar resultados, sino de hacerle saber a nuestros hijos —y a quienes amamos— que vemos su esfuerzo, incluso cuando el resultado no es perfecto.
La evidencia científica es clara: el refuerzo positivo, la empatía y el reconocimiento directo fortalecen la autoestima, mejoran la conducta y ayudan a construir relaciones más sanas y seguras.
A veces una frase sencilla puede convertirse en una intervención poderosa.
Una llamada sencilla con mi hijo —“Papá, me siento triste”— se convirtió en un recordatorio profundo: a muchos hombres nunca nos enseñaron a ponerle palabras a lo que sentimos. Entre el rol de padre y psiquiatra, reflexiono sobre por qué seguimos aguantando en silencio, por qué pedimos ayuda tarde, y cómo podemos empezar a hacerlo distinto con la próxima generación. Porque hablar de emociones no es debilidad; es una destreza que también se aprende.
Vivir con ADHD no siempre se ve como hiperactividad. A veces se siente como esfuerzo constante por sostener lo cotidiano. Como psiquiatra lo entiendo; como persona, lo vivo todos los días
En el supermercado presencié una escena que me recordó lo poderoso que puede ser el conteo en la crianza. Una madre, con calma y firmeza, usó el “1-2-3” para detener a su hija justo antes de tocar un producto. Esa sencilla estrategia, explicada en el libro 1-2-3 Magia de Thomas Phelan, PhD, muestra cómo la disciplina puede ser clara, efectiva y sin gritos.
Este método no solo ayuda a frenar conductas negativas, sino también a fomentar las positivas y fortalecer la relación con nuestros hijos. Lo esencial está en mantener la calma, manejar nuestras emociones y aplicar consecuencias consistentes.
Al final, la magia de este sistema es recordarnos que la crianza no es una lucha de poder, sino una guía con amor y límites claros.
Me encanta trabajar con adolescentes. Es una época de la vida donde hay apertura para ideas nuevas y cambio. Una de las preguntas que los padres me hacen con frecuencia...
Aprender a amar no siempre es suficiente: también necesitamos saber cómo expresarlo de forma que el otro lo entienda. Como padre y psiquiatra, descubrí que conectar emocionalmente con nuestros hijos requiere hablar su lenguaje del amor. Este artículo reflexiona sobre esa experiencia y cómo los cinco lenguajes del amor pueden transformar nuestra manera de criar y acompañar.
Las reflexiones de Séneca en Sobre la felicidad y la brevedad de la vida siguen tan vigentes como hace 2,000 años. Este ensayo nos invita a detenernos, cuestionar nuestras prioridades y enseñar a nuestros hijos a vivir de acuerdo con lo que realmente importa.
En tiempos de incertidumbre, como padres nos preguntamos constantemente qué mundo les tocará vivir a nuestros hijos y qué valores esenciales queremos transmitirles. El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, nos recuerda que, incluso en la adversidad más extrema, siempre conservamos la libertad de elegir nuestra actitud. Practicar estas enseñanzas nos permite guiar a la próxima generación hacia una vida con propósito, resiliencia y fortaleza interior.