A veces, criar a un hijo se siente como mirarse en el espejo. Como padre y psiquiatra, he aprendido que la presencia paterna no solo acompaña el crecimiento de un hijo, también influye profundamente en su autoestima, su salud emocional y la manera en que aprende a relacionarse con el mundo. Este escrito es una reflexión sobre la importancia de estar presentes y el impacto que nuestras decisiones tienen en las personas que algún día nuestros hijos llegarán a ser.
Ser papá de una hija es aprender que, muchas veces, lo más importante no es tener las palabras perfectas, sino estar presentes. Este artículo habla sobre amor, vínculo y salud mental en la relación padre-hija.
Parte de nuestro crecimiento como padres y madres es aprender a dejarlos ir, poco a poco.
La adolescencia es una etapa donde las amistades, el corillo y las relaciones comienzan a ocupar un lugar central. Y aunque muchas veces sentimos que nuestros hijos se alejan, gran parte de este proceso forma parte normal del desarrollo humano.
En este nuevo escrito reflexiono sobre crianza, adolescencia, influencia social y el difícil arte de acompañarlos mientras aprenden a volar.
Vivimos en un mundo donde muchas veces la conveniencia parece pesar más que la autenticidad. Pero, ¿cómo ayudamos a nuestros hijos a mantenerse fieles a quienes son cuando nadie los está mirando? En esta reflexión sobre crianza, valores e integridad, exploro cómo el ejemplo, la conexión emocional y las conversaciones cotidianas pueden moldear el carácter mucho más que cualquier discurso.
A veces las personas cambian, crecen y luchan silenciosamente… esperando escuchar algo sencillo pero profundamente importante: “Estoy orgulloso de ti”.
Como psiquiatra y como padre, he aprendido que validar el esfuerzo y reconocer los avances tiene un impacto real en el desarrollo emocional y en la salud mental. No se trata solo de celebrar resultados, sino de hacerle saber a nuestros hijos —y a quienes amamos— que vemos su esfuerzo, incluso cuando el resultado no es perfecto.
La evidencia científica es clara: el refuerzo positivo, la empatía y el reconocimiento directo fortalecen la autoestima, mejoran la conducta y ayudan a construir relaciones más sanas y seguras.
A veces una frase sencilla puede convertirse en una intervención poderosa.
— Un Papá Psiquiatra
Una llamada sencilla con mi hijo —“Papá, me siento triste”— se convirtió en un recordatorio profundo: a muchos hombres nunca nos enseñaron a ponerle palabras a lo que sentimos. Entre el rol de padre y psiquiatra, reflexiono sobre por qué seguimos aguantando en silencio, por qué pedimos ayuda tarde, y cómo podemos empezar a hacerlo distinto con la próxima generación. Porque hablar de emociones no es debilidad; es una destreza que también se aprende.
Vivir con ADHD no siempre se ve como hiperactividad. A veces se siente como esfuerzo constante por sostener lo cotidiano. Como psiquiatra lo entiendo; como persona, lo vivo todos los días
En el supermercado presencié una escena que me recordó lo poderoso que puede ser el conteo en la crianza. Una madre, con calma y firmeza, usó el “1-2-3” para detener a su hija justo antes de tocar un producto. Esa sencilla estrategia, explicada en el libro 1-2-3 Magia de Thomas Phelan, PhD, muestra cómo la disciplina puede ser clara, efectiva y sin gritos.
Este método no solo ayuda a frenar conductas negativas, sino también a fomentar las positivas y fortalecer la relación con nuestros hijos. Lo esencial está en mantener la calma, manejar nuestras emociones y aplicar consecuencias consistentes.
Al final, la magia de este sistema es recordarnos que la crianza no es una lucha de poder, sino una guía con amor y límites claros.