Uno de los retos más frustrantes de criar en estos tiempos es sentir que nuestros hijos no siempre muestran gratitud por las cosas que hacemos por ellos.
Creo que todos hemos pasado por algunos de estos momentos con nuestros hijos. No hace mucho pagué unas clases de fotografía para la familia. En mi mente, iban a ser dos días de conexión y de compartir en familia. Mi hija había mostrado interés por la fotografía y hasta me había pedido prestada mi cámara. Así que me hice la imagen mental de los cuatro disfrutando de unas clases de fotografía. En mi mente veía horas y horas de felicidad.
Mi esposa y yo hicimos los preparativos. Separamos las fechas y planificamos cómo les íbamos a dar la sorpresa a los muchachos. Nuestras expectativas se derrumbaron en segundos.
Antes de terminar de darles la noticia, ya había visto cien gestos, una trompa y dos “ay, papá” en tono de desacuerdo. No les puedo negar que pasaron por la mente mil cosas. Muchas de ellas no son aptas para este blog. Pero respiramos profundo y les dije: No me importa lo que digan, vamos para allá… y me encantaría que fueran un poco más agradecidos.
Imagino que ustedes, los lectores, también han vivido situaciones similares. Momentos en los que sentimos que nuestros hijos e hijas no agradecen lo que tienen ni lo que hacemos por ellos.
Y aquí viene la pregunta de los 50 mil chavitos: ¿cómo fomentamos la gratitud en nuestros hijos?
Sabemos que vivir en gratitud es bueno para la salud mental. Investigaciones realizadas con cientos de jóvenes han encontrado que los adolescentes que cultivan el hábito de agradecer tienden a presentar menos síntomas de depresión, ansiedad y problemas de conducta.
Además, la gratitud parece fortalecer la resiliencia, mejorar la autoestima y las relaciones sociales e incluso ayudar a proteger contra conductas autolesivas.
Aunque los beneficios son moderados y funcionan mejor como complemento de otros apoyos, la gratitud es una herramienta sencilla, sin costo y prácticamente sin riesgo que podemos fomentar en casa.
Por ejemplo, animando a nuestros hijos a reflexionar sobre las cosas buenas del día o a expresar su agradecimiento a las personas importantes de su vida. Los estudios sugieren que estos beneficios son especialmente notables en adolescentes que ya presentan cierto nivel de estrés emocional.
Todo esto me hace reflexionar sobre algo muy importante: ¿Qué tan agradecido soy en el día a día?
Porque muchas veces esperamos que nuestros hijos valoren lo que tienen, mientras nosotros mismos vivimos tan acelerados que dejamos de notar las cosas buenas que ocurren a diario. En todos lados escuchamos que debemos dar el ejemplo de lo que queremos ver en nuestros hijos e hijas. Y, honestamente, en mi caso, encontré espacio para mejorar.
En los estudios científicos se emplearon actividades sencillas que pueden ayudarnos a fomentar la gratitud en casa.
1. Encontrar tres cosas por las que dar gracias:
Cada noche, antes de dormir, intentemos encontrar tres cosas por las que dar gracias ese día. No tienen que ser cosas grandes ni extraordinarias. De hecho, pienso que mientras más pequeñas y cotidianas, mejor. La modernidad siempre nos empuja a lo extraordinario. Demos gracias por un momento divertido, por algo que aprendimos o incluso porque el día ha estado soleado.
2. Escribir una carta de agradecimiento:
Tomemos un momento para escribir una carta de agradecimiento a alguien importante en nuestra vida. Puede ser un maestro, un amigo o un familiar. Expliquemos por qué damos las gracias y cómo ha influido en nuestras vidas. No es obligatorio compartirla con esa persona, aunque podría ser una grata sorpresa para el destinatario.
3. Conversar sobre lo positivo del día:
Saquemos tiempo para hacer preguntas y conversar sobre lo positivo del día. No limitarnos a tan solo preguntar: ¿Cómo te fue hoy?
Exploremos con preguntas como:
¿Qué fue lo mejor que te pasó hoy?
¿Alguien hizo algo amable por ti?
¿De qué te sientes orgulloso hoy?
Establecer una práctica de gratitud no ocurre de la noche a la mañana. Y no les sorprenda si hay recaídas durante el proceso.
Pero implementar estas pequeñas prácticas puede ayudar a proteger la salud emocional de nuestros hijos y, sobre todo, enseñarles a hacer un balance entre lo bonito y los retos de la vida.
Quizás la gratitud no consiste solamente en enseñar a nuestros hijos a decir ‘gracias’, sino en ayudarlos a aprender a notar lo bueno que ya existe en sus vidas.