Cuando enseñamos que los nenes no lloran, criamos hombres que no hablan
May, 03 , 26Una llamada sencilla con mi hijo —“Papá, me siento triste”— se convirtió en un recordatorio profundo: a muchos hombres nunca nos enseñaron a ponerle palabras a lo que sentimos. Entre el rol de padre y psiquiatra, reflexiono sobre por qué seguimos aguantando en silencio, por qué pedimos ayuda tarde, y cómo podemos empezar a hacerlo distinto con la próxima generación. Porque hablar de emociones no es debilidad; es una destreza que también se aprende.










