Cuando enseñamos que los nenes no lloran, criamos hombres que no hablan

Cuando enseñamos que los nenes no lloran, criamos hombres que no hablan

  • Mario Gonzalez
  • -
  • May, 03 , 26

“Papá, me siento triste”, dice mi hijo al otro lado del teléfono. Pueden imaginar que se activó el modo psiquiatra al instante.

“Gracias por dejármelo saber, hijo. ¿Puedes describirme lo que sientes?”, le contesto.

“Pues, papá, no sé bien cómo describirlo… pero me siento triste.”

“¿Está pasando algo que esté causando lo que sientes?”

“No sé… pero ayer no dormí bien por terminar la feria científica. Fueron muchas horas de trabajo y me siento en baja.”

“Ok, hijo. Descansa. Pero si luego te sigues sintiendo mal, me dejas saber.”

Esta conversación es uno de esos momentos donde se encuentran mi rol de papá y mi trabajo como psiquiatra. Me hizo reflexionar sobre las dificultades que tenemos los hombres para conectar con nuestras emociones y buscar ayuda a tiempo.

Recientemente leí un artículo donde se hablaba de por qué a los hombres se nos hace más difícil buscar ayuda para nuestra salud mental (They’re taught that showing feelings is shameful: eight reasons men don’t go to therapy – and why they should).

El artículo explica que muchos hombres no van a terapia no porque no la necesiten, sino porque crecieron aprendiendo a resolver solos, a aguantar y a no hablar mucho de lo que sienten. Por eso, la idea de sentarse a hablar de emociones puede sentirse incómoda o incluso amenazante.

 

También existe ese pensamiento de “yo debería poder con esto”, lo que hace que pidan ayuda tarde, cuando ya están en crisis. A eso se suma que casi no ven otros hombres hablando de terapia de forma normal, y que da miedo abrir temas que llevan tiempo guardados. Al final, el mensaje es sencillo: la terapia no es solo para cuando todo está mal, es una forma de cuidarse, igual que uno cuida el cuerpo.

 

La realidad es que nadie está exento de eventos como la depresión, y los datos en hombres están por debajo de la realidad. Aunque en los números parece que los hombres tienen menos depresión que las mujeres, en realidad muchas veces no se detecta.

Esto pasa porque en nosotros la depresión no siempre se presenta como tristeza o llanto. Puede verse más como irritabilidad, distancia con los demás, enojo, problemas de motivación, dificultad para concentrarse o incluso molestias físicas.

Toda esta situación me remontó a momentos en mi vida donde escuché frases como los nenes no lloran y no tienes razones para sentirse así. Igual que muchos de mis pacientes varones, que por primera vez se abren a su vulnerabilidad emocional en mi oficina. Por eso intento hacerlo distinto con mi hijo. Deseo que él no se sienta culpable o avergonzado de expresar sus emociones de una forma abierta. Que se sienta en la confianza de buscar ayuda cuando sea necesario.

 

Créanme, conozco lo que se siente estar en la otra silla. 

 

Por eso, cada vez que puedo, intento ayudar a mis hijos a desarrollar una mejor relación con sus emociones.

  • Share this post :

Older Post

Translation missing: en.general.search.loading