Free shipping on orders $50 or more!

Shop Now

Inteligencia artificial y adolescentes: ¿con quién hablan nuestros hijos?

Inteligencia artificial y adolescentes: ¿con quién hablan nuestros hijos?

  • Mario Gonzalez
  • -
  • Sep, 13 , 26

Hace unos días estaba en una reunión de padres, discutiendo asuntos relacionados con la escuela de nuestros hijos. Cuando terminamos los temas que teníamos en agenda, comenzó esa conversación que suele surgir cuando varios padres nos sentamos juntos: lo complicado que puede ser criar adolescentes en tiempos de inteligencia artificial. Comenzamos a comparar nuestra infancia con la de ellos. Algunos recordaban una época en la que pasábamos más tiempo jugando afuera, compartiendo con otros niños y viviendo en un mundo donde la tecnología todavía ocupaba un espacio mucho más pequeño.

Mientras escuchaba, también pensé en mis propios padres. Yo crecí durante los años ochenta y noventa, una época que ahora podemos mirar con cierta nostalgia, pero que también estuvo llena de cambios. Llegó el cable TV, aparecieron los videojuegos, las computadoras comenzaron a entrar en nuestras casas y eventualmente llegó el Internet. Me pregunté si mis padres también se preocuparían por cómo todo aquello iba a cambiar nuestra manera de aprender, relacionarnos o vivir. Probablemente sí. Cada generación de padres termina criando a sus hijos mientras intenta entender un futuro que todavía no conoce.

En algún momento de aquella conversación alguien mencionó la inteligencia artificial. Rápidamente surgieron preguntas sobre su impacto en el aprendizaje de nuestros hijos, cuánto dependerán de herramientas como ChatGPT y qué habilidades podrían dejar de desarrollar. Son preocupaciones válidas y, como padre, también las tengo. Pero hay otra que me inquieta más: me preocupa que algún día mis hijos estén tristes, confundidos o atravesando una situación difícil y decidan buscar apoyo emocional en una inteligencia artificial antes de venir a hablar conmigo.

Cuando los adolescentes buscan apoyo emocional en la inteligencia artificial

Hace poco se publicó un estudio en JAMA Pediatrics con casi 40,000 estudiantes de grados 4 a 12. Aproximadamente uno de cada cinco reportó haber utilizado inteligencia artificial para buscar apoyo emocional o consejo sobre situaciones personales. Entre quienes utilizaban la IA de esta manera también se encontraron con mayor frecuencia puntuaciones elevadas en medidas relacionadas con dificultades emocionales.

Esto no significa que la inteligencia artificial esté causando problemas de salud mental en los adolescentes. El estudio no permite llegar a esa conclusión. Puede ser que los jóvenes que ya se sienten solos, ansiosos o tristes sean precisamente quienes más recurren a estas herramientas para buscar respuestas o sentirse escuchados.

Pero el hallazgo me hizo preguntarme algo más sencillo: ¿por qué un adolescente escogería contarle sus problemas a una computadora? Mientras más lo pienso, más fácil resulta entenderlo. La inteligencia artificial está disponible a cualquier hora. No parece cansarse de escuchar, no pone cara de preocupación, no interrumpe y no juzga. Un adolescente puede estar acostado a las once de la noche, tomar su teléfono y escribir: “Me siento solo. ¿Qué puedo hacer?”. En segundos tendrá una respuesta.

La conversación que tuve con mis hijos

Después de leer el estudio decidí hablar con mis hijos. Les pregunté cómo estaban utilizando la inteligencia artificial y si alguna vez habían recurrido a ella para hablar de algo que les preocupara o pedir consejo sobre sus emociones. Los dos me dijeron que no. Tengo que admitir que me tranquilizó escucharlo, pero aproveché la conversación para decirles algo que quería dejar claro: si algún día están tristes, preocupados, confundidos o simplemente necesitan hablar con alguien, pueden venir a hablar conmigo.

No espero que me cuenten absolutamente todo. Son adolescentes y parte de crecer significa desarrollar privacidad, autonomía y espacios propios. Habrá cosas que primero hablarán con sus amigos y otras que necesitarán procesar solos. Lo importante para mí es que sepan que sigo estando disponible y que, cuando algo realmente les preocupe, pueden contar conmigo.

También aproveché para explicarles, de una forma sencilla, qué sucede cuando le hacemos una pregunta a una inteligencia artificial. Si alguien escribe “me siento solo, ¿qué puedo hacer?”, la respuesta puede parecer sorprendentemente humana. Puede sugerir hablar con alguien de confianza, buscar actividades para conectar con otras personas o pedir ayuda si la situación empeora. Sin embargo, detrás de esa respuesta no hay alguien preocupado por esa persona.

De manera simplificada, la inteligencia artificial analiza las palabras, toma en cuenta el contexto y utiliza patrones aprendidos durante su entrenamiento para generar una respuesta que resulte apropiada. Puede producir una contestación razonable e incluso útil, pero existe una diferencia que quiero que mis hijos entiendan: la inteligencia artificial puede reconocer las palabras de la soledad sin preocuparse porque alguien esté solo.

Yo sí puedo preocuparme por ellos. Puedo recordar cómo estaban ayer, notar que llevan varios días más callados, escuchar un cambio en su tono de voz o darme cuenta de que algo no está bien aunque todavía no sepan cómo explicarlo. Puedo sentarme a su lado, abrazarlos y, si es necesario, buscar ayuda.

La IA puede ser una herramienta, pero no reemplazar una relación

Eso no significa que quiera competir con la inteligencia artificial ni prohibirles utilizarla. Puede ser una herramienta útil para buscar información, ordenar pensamientos o incluso encontrar palabras para comenzar una conversación difícil. Mi preocupación comienza cuando esa herramienta se convierte en el lugar principal, o en el único lugar, al que recurren cuando algo les duele.

Muchos padres estamos pendientes de cuánto tiempo pasan nuestros hijos frente a una pantalla, qué redes sociales utilizan o con quién hablan en línea. Tal vez ahora tengamos que añadir otra pregunta: “¿Para qué estás utilizando la inteligencia artificial?”. Y eventualmente hacer una todavía más importante: “Cuando tienes un problema de verdad, ¿con quién hablas?”.

La inteligencia artificial llegó para quedarse. Así como mis padres tuvieron que descubrir qué significaba criar hijos en un mundo de cable TV, videojuegos, computadoras e Internet, a nosotros nos corresponde entender qué significa criar adolescentes en un mundo donde una máquina puede conversar con ellos, contestar sus preguntas y ofrecerles consejos sobre situaciones personales.

No creo que nuestra tarea sea mantenerlos alejados de esa tecnología. Será enseñarles para qué puede servir, cuáles son sus límites y cuándo una herramienta puede ayudar, pero lo que realmente necesitan es una persona. Y esta conversación también me obliga a hacerme una pregunta a mí mismo: no solamente si mis hijos están utilizando inteligencia artificial cuando tienen un problema, sino si estoy construyendo una relación en la que ellos sientan que pueden venir a mí cuando lo tengan.

Porque al final hay algo que sí depende de mí: seguir dejando la puerta abierta y asegurarme de que sepan que, si algún día están tristes, confundidos, asustados o simplemente necesitan hablar, no tienen que encontrar las palabras perfectas.

Pueden venir y sentarse conmigo. Lo demás lo podemos ir entendiendo juntos.

  • Share this post :

Older Post

Translation missing: en.general.search.loading